Enero ha sido un mes durillo para todos, con grandes cambios para Jordi que hemos capeado como hemos podido. Primero vino el 'Adiós a la teta', que coincidió con su segundo cumpleaños, pero fue algo fortuito, no pactado ni preparado, facilón cuando tienes el sustituto perfecto, 'el bibi'.
Luego empezó a negarse a ir en el cochecito, así que cada mañana andamos algo más de un kilómetro para ir a la guarde y lo mismo a la vuelta. A mi me parece genial que quiera andar, porque viviendo en un cuarto sin ascensor, el cochecito es un engorro. El problema es que algunos días sale tan cansado de la guarde que a medio camino pide brazos, así que tengo que llevar la mochila por si acaso para colgármelo a la espalda cual sherpa o acaba en rabieta en medio de la calle que puede durar unos 15-20 minutos, lo que se traduce en 45 minutos de trayecto de la guarde a casa, cuando antes tardábamos 15. ¡Horrorrrrrrr! Pero vamos mejorando.
Luego llegó la visita de los 2 años al pediatra y...'¿Comorrrrr? ¿Todavía toma bibi? No, no, no, se lo tenéis que quitar ya, de hecho se lo tendrías que haber quitado hace un año, por muchos motivos (caries, malformación de paladar, retraso en el habla...)'. '¡Madre mía! ¿Por qué no me lo dijiste hace un año?' Pues nada, habrá que hacerlo. Quitamos los biberones de su vista y probamos su taza, con la que ya bebía leche y zumos por la tarde o comiendo, pero...' la leche por la mañana y por la noche es en bibi, a mi no me engañas'. Probamos la típica taza con boquilla, pero...'¿Qué me estás contando? ¿Dónde está mi bibi?'. Y así tres días de rabietas cada vez que tocaba tomar leche. Hasta que se me ocurrió rescatar mi jarra de batidos y tés que utilizo en verano y que tanta gracia le hace a Jordi cuando la ve y...¡¡¡Sorpresa!!! Que le dejara mi jarrita le pareció lo más y así, sin pensarlo, volvió a tomar leche. Así que prueba superada.







