6.02.2015

Las pequeñas cosas de la vida * Estreñimiento

Siempre he sido una tía muy básica, por no decir facilona. Para mi eran motivo de alegría cosas como que viniera a tocar gratis a la ciudad uno de mis grupos de música favoritos, pensar que no queda chocolate y descubrir una onza en el fondo de la lata de las guarradas, despertarme pensando que es viernes y he de ir a trabajar y que sea sábado, saborear un 'frapuccino' mientras cotilleo las redes sociales... Cosas de los más cotidianas y banales, sí, pero cosas que me hacían sentir feliz.

Desde que tuve a Jordi, se han añadido a mi lista de alegrías otros pequeños momentos como ver su carita sonriente por la mañana, que me coja un dedo con su manita mientras le doy de comer, que se agarre con fuerza a mi cuello cuando lo cojo en brazos... Pero nunca pensé que me pondría tan contenta al ver una caca.

¡Sí, he dicho caca! El gordito llevaba varios días sin hacer caca, ni masajito ni estimulación ni nada de nada.

Lo llevé a la pediatra y me preguntó si había variado en algo mi alimentación, porque al darle el pecho cualquier cambio le puede afectar. A priori pensé que no, pero al llegar a casa recordé que llevaba cerca de dos semanas sin tomar el zumo de naranja por la mañana. Empecé a tomarlo de nuevo y tate!!! Tres días después, de repente, tras un intento de ponerle un supositorio, empezó a salir de su pequeño cuerpecito la caca más grande que haya visto nunca. Era un no parar, tres pañales llenos y una toalla que acabó en la basura, pero sentí una alegría especial.

Desde entonces, ya no me da pereza prepararme el zumo de naranja cada mañana.

¡Que tengáis un buen día!












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